De la misma manera que una vez que pase el tiempo, nadie se acordará de las conversaciones grabadas al ex presidente de la Comunidad Valenciana en relación a ciertos trajes que, resulta no puede ser demostrado que se los hayan regalado de manera, tal vez, demasiado amigable. De esa misma manera en la que, pasado el tiempo se olvidará que las pruebas presentadas en el “costoso” juicio, enseñan ciertos manejos especiales, para con ciertos personajes de la vergüenza política de este país, nadie, pasado cierto tiempo, recordará el partido que realizara el Real Madrid, anoche en el campo de su sempiterno rival por excelencia, el Barcelona.
Con el paso de muchas lunas, el resultado es lo que nos quedará de ambos hechos, dejando de lado las consecuencias de ello.
Olvidaremos los detalles, los momentos, las palabras y los hechos. En las paginas que sea, acabaran inscritos, solo datos que sumaran a la historia de ambos sectores de nuestra vida, el de la Justicia y el deporte.
En la primera, respeto aparte por el hecho de una sentencia de absolución, esos datos hablaran solo de un jurado que no encontrara suficientes hechos constatados para dar como demostrado, que un cargo político se relacionara con sectores confusos del alto mundo de las comisiones y los favores.
En el segundo, olvidaremos que por fin, el Madrid, supo mirar como su nombre y categoría le imprime, a un Barcelona fiel a su reciente Historia, que terminó mirando el reloj con angustia ante el apremiante buen partido que su oponente le planteara.
No se quedó tampoco atrasado el equipo de Guardiola, inseparable a lo que es y lo que representa en el balompié actual. Pero la mordiente blanca le dejo huella en su piel, a pesar de dejar tirado en la cuneta de la eliminatoria de cuartos de esta Copa con tragos de clásicos.
No recordaremos la lucha de veintidós jugadores, por un resultado que librara de angustias a unos y fortaleciera, mas aun, a otros.
Se nos olvidará, las ocasiones perdidas por Higuain al comienzo de la batalla, ni la presión sobre el nacimiento del juego catalán que ahogo, a ratos la elaboración tan sabrosa que emerge del horno culé.
Olvidaremos que Pepe, volvió a ser jugador de fútbol ante el mismo rival que pisara con premeditación y alevosía la semana anterior. Dejaremos de acordarnos de la chulería intrínseca que posee Mourinho, a la hora de no reconocer su error, al no presentar en el partido de ida algo parecido a lo que sus jugadores, libres de muchas ataduras, ofrecieran en la noche de ayer.
Para colmo, un partido tan emocionante, pasará a la historia con un resultado de empate a dos, cuando el significado de ese efecto, esconde infinitas versiones que hacen del fútbol, un deporte que simula lo que es la vida misma, donde leer entre líneas la realidad no indica que el final de la historia sea la que, tácitamente podríamos dar por contado si a los hechos no remitimos.
En la vida, no todo es lo que parece y solo la deriva de los hechos, es lo que nos queda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario