Mientras el país busca una salida para no ser intervenido por una Europa que parece cada vez mas a la deriva, el sentimiento de los españoles se mueve entre la desesperanza y el aguante sin el menor de las protestas.
Excepciones realizadas por el hecho de ser quien paga el importe a modo de impuestos directos e indirectos, un ciudadano que por poco vaya manteniendo su trabajo, mucho mas esclavo que no hace mucho tiempo, afronta tanto cambio con la calma de un santo Job, esperando que los sinsabores ocasionen los menos estragos posibles. Como un temporal.
Pero no es temporal. Todos debemos darnos cuenta de que, la inseguridad y los tiempos que estamos viviendo, se estan alargando en la temporalidad, de tal modo que la salida que desde el comienzo se estaba vislumbrando en el horizonte o lontananza, cada vez ocupa un lugar mas pequeño, casi, o mejor dicho, irreal.
El pago por la sanidad, el recorte de sueldos, la subida de impuestos, la reforma laboral, el pronostico de los seis millones de parados y una intervención a lo grande para una nación que hundiría el Euro, son síntomas de un “que mas da” instalado no solo en la sociedad que separa sus clases como señal de resultado mas cercano a esta crisis ¿mundial?, en la que como reflejo, deja una clase política cada vez mas alejada del ciudadano.
Si hace unos escasos años nos advirtieron que la burbuja creada por el ladrillo y que nos arrastraba a todos a este desastre, debiera ser pinchada, ahora vemos como la otra burbuja, la de la Sanidad tal y como la hemos conocido, da sus primeros pasos para ser explotada por un “no hay recursos”, como respuesta de un presidente que deja que otros den la cara con malas noticias y solo insufla mensajes desesperantes.
Llama la atención la manera tan resignada que presentamos, quienes decidimos dar el poner total al Partido Popular, para que nos gobernada de forma aplastante durante la siguiente legislatura, allá por el pasado mes de noviembre. Curioso también que todos nos conformemos con el mensaje de una herencia dejada por los anteriores, como coartada para perdonar las mentiras de un programa electoral oculto que solo argumenta la salida del atolladero ahorrando en lo que afecta a quien no protesta, porque de antemano sabe que no tendrá el menos sentido, pues no queda otra.
¿No queda otra?. ¿De verdad hay que sacrificar educación, sanidad y bienestar para seguir manteniendo clases políticas que no merman en sus cuantías?. ¿Hay que seguir esperando a cada viernes en el consejo de Ministros para cuantificar los recortes a los que se nos somete, mientras tenemos repetidas administraciones que son parte amplia de nuestro endeudamiento?. Esas interrogantes que a cada decreto, deben de traspasar las paredes de un Congreso de los Diputados, que pierde a la calle a cada momento.
Es injusto que se obligue a pagar un alto precio por optar a una universidad pública, cuando por ejemplo, la asignación, intocable a la Iglesia católica a cargo de nuestro sacrificio, sirve para que se mantengan universidades privadas correspondientes a dicha Iglesia.
Se trata de un ejemplo mas de ese circulo absurdo al que nos está sometiendo esta maldita situación de la que nos hacen culpables a todos y que solo condena a algunos.