Entre los chuzos de punta de la situación económica, el español tira de la referencia deportiva para sacar sensaciones con las que disfrutar, esas que dejan de lado durante noventa minutos o el tiempo necesario para dejar de lado tanta penuria.
En pleno borrado de esos derechos que tanto tiempo costara ganar, el deporte, capitalizado por el fútbol, promete oasis que anestesian los ánimos de tanta penuria.
Y es que la unión patria que produce el deporte, deja de lado efervescentes crisis y millones de reformas laborales en plena vorágine de perdida de empleos.
El fútbol, dentro de la droga deportiva, sacia apetitos tan inmensos que la desgracia deja de lado. Lo que no puede aliviar el consuelo de un decreto que oposita a crear empleo bajo epígrafe de la facilidad para destruirlo. Regla de tres complicada para el entendimiento que prefiere de la sencillez de la sensación placentera que produce un partido de balompié, baloncesto, tenis o cualquier choque deportivo que enfrente emociones en masa.
Dejando de lado el imposible saciado de los bancos ávidos de alimento monetario para imprimir su propia supremacía en el sistema capitalista, entretener a las masas equivale a enmascarar por momentos la realidad. Cosa por otro lado necesaria para poder sobrellevar tanta miserable acción a la que se está sometiendo el propio País.
Dicho esto, encaremos la realidad de una necesidad que representa el ver como, el pulso entre el Barcelona y Madrid, ( y ahora hablamos como no, de fútbol), se estira en unos diez puntos clasificatorios de distancia, para dejar claro que la ley del mas fuerte en la regularidad es para los capitalinos nacionales.
El equipo de Pep, ha desguarecido sus viajes ligueros, hasta tal punto, que dimitiendo de la normalizar su juego fuera de su parroquia, la distancia parece infinita incluso para uno de los mejores equipos de la Historia balompédica.
Hay quien discute sobre la forma en que el entrenador catalán planteo la batalla en el Sadar.
Aquejados de campo duro, césped helado y gélida atmósfera , los siempre elogiados en las victorias, canteranos toman imagen de culpabilidad, al momento de dar por finiquitada la liga, competición que dejaría daños colaterales en casa Barça, si el encare en la copa del Rey o las eliminatorias de la Champioms, esgrime malos balances en el futuro cercano.
Es ahí, en Europa, donde, a falta de Liga, esta el examen culé. Pasando por Alemania, y en octavos, una formalidad complicada que la pugna pone por medio en forma de veneno competitivo.
Leverkusem como próxima piedra en el camino, no debe representar mas que lo que simbolizara justo antes de viajar a Pamplona. El equipo que ha ganado todo, sigue siendo el rival a ganar,
El propio técnico germano, alejando la pelota de la amenaza, encara el partido con la mirada puesta en “el milagro que seria ganar al Barcelona”, equipo que según este profesional, “es mejor que la selección española”.
Como quiera, el estrés de la distancia en la competición de casa, no tiene porque ser trasladado a Europa ¿ o si?. En lontananza, la renovación de un entrenador que genera nervios en el estatus catalán, ese mas que un club, símbolo de una región donde va mas allá de un simple deporte en Cataluña.
En Madrid, aparcado el duelo contra su rival de siempre, la distancia acota la alegría, olvidando los desafíos vividos en la derrota. Su entrenador, sin dejar de ser quien es, ahora, vive mas tranquilo una vez que el juez del tiempo lo deja a enteros definitivos ante la temporada liguera.
Su fuerza que tampoco remite en la competición europea, invita al optimismo de record en una tramo de la temporada con lunares en la Copa y Supercopa.
Y tras los mastodontes, el manada que pasa por el interés de ver al Atletic formateado por Simeone, al Valencia preso de si mismo, pero goleando a un Sporting en busca de Clemente, un Bilbao en enigmática recaída, el Villareal escalando con el refresco Molina y así hasta contaminar con fútbol el todo de la realidad.
El opio actual para el pueblo, ahora se llama deporte. Se excelencia en el fútbol, y ello combina alegrías con desamparo, tristeza con incertidumbre, exaltaciones con depresión, crisis con ánimos.
Todo en unos tiempos gélidos en la esperanza y temerosos por la dependencia generada por la hipoteca en la que se nos ha convertido la vida.
Todo se olvida cuando el balón rueda. Se trata de ese oasis en que una vez saciada la sed en dosis suficientes, nos deja en desamparo hasta el siguiente partido