Es evidente lo grande que puede ser la estupidez humana. Pasamos años intentando curarnos de enfermedades, proponemos muchísimos recursos para poder alargar nuestra vida. Estudiamos el significado de estar vivo, de sentir, de amarse, de disfrutarse... En resumen de vivir el corto espacio de tiempo en el que nos han puesto en el planeta.
Todo para mantenerse vivo, respirando, organizando la existencia de los demás y preparando la llegada de sucesivas generaciones que puedan perpetuar la especie, hasta que el sol deje de emitir vida.
Pero la evidencia marca nuestra presencia en la Tierra. En segundos, acabamos de un puñetazo con todo, para patentar lo “imbécil” que podemos llegar a ser los humanos.
Ayer, en Egipto, seguimos entrenando. La preparación es continua y como tal, un grano de arena mas en nuestra inmundicia como persona.
Con nuestras religiones, pregonamos el sentido de la vida prestada por los seres superiores. Pretendemos hacer de nuestra creencia la única en el pensamiento, en las conciencias y en las maneras de vivir y organizarse.
Con los sistemas económicos, bien sean locales o globales, imponemos un mercado que perpetúe nuestra idea, poniendo detrás, únicamente nuestro propio beneficio.
Nuestra política, nuestro modelo como tal, es por excelencia el mejor. Tanto que debemos llevarlo al extremo de imponerlo en cualquier sitio. Sin pensar para ello que no todo es lo mismo para que todo sea igual.
Nuestra historia así lo demuestra. En Egipto ayer, ejemplo de todo y de nada, también.
Cuna de civilización que moviera el mundo, Egipto muerde el polvo entre la modernidad imparable y la tradición religiosa. Entre los poderes de la razón y el sentimiento, entre la verdad y la VERDAD.
La deposición de un presidente por parte de militares, el apoyo extremo religioso a éste y la implantación de un sistema mediante la fragmentación mas trágica de su sociedad, desemboca en muertos por las calles, heridos en los hospitales y odio entre hermanos.
Al borde de un colapso a modo de guerra civil, los disturbios ocasionados en Egipto al intentar disolver a los, “avisados” seguidores de Morsi, desencadenó una masacre entre la policía, el ejercito y la masa que, en la calle, pide la reposición de su líder.
La razón no encuentra el camino, y ante la mirada hacia otros sitios, al igual que pasa en Siria, Irak y otros ejemplos comunes del mundo árabe, demuestra una vez mas, lo estúpido que es el ser humano, sea cual sea el Dios al que representa y causante de haberlo puesto sobre la tierra para matarse entre ellos.
Fotos: CNN.


