Desde hace bastante tiempo, se esta instalando, en muchas de nuestras mentes, la trágica idea de que, nuestro voto, el que depositamos cada cuatro años, tiene menos valor. Si no ninguno. O a lo peor, solo el que toma para aupar a alguien al poder.
En el juego de nuestra corta Democracia, esa que aprobamos tras muchos años en el desierto de la dictadura, un voto era contado como algo muy especial, algo mágico.
En 1978, la sociedad española, se estacionaba, con una Constitución bajo el brazo, hecha con prisas y necesaria para no perder el camino de los grandes cambios que se avecinaban en el futuro. Europa no podía vivir mas tiempo, teniendo un gran país como España bajo manto de un régimen autoritario.
Así se hizo.
Presentarse en las urnas era sagrado. Contaba la opinión de cualquiera, de todos, sin mirar cual era su posición.
Era algo nuevo, y como tal, presentarte ante la mesa electoral y dejar tu papeleta, era algo tan importante, de una valía tan grande, valedora para cambiar el rumbo de un país y una sociedad.
Y no es que pretenda quitar peso a la voluntad del pueblo. Para nada. Pero cierto es, que, con suma diaria, el pueblo español, da menos valor a su voto.
La clase política, amodorrada por una crisis a la que no saben poner coto. Acongojados con tanto escándalo, sin oponer otra respuesta diferente al “ y tu mas”.
Gobierno, oposición, gobiernos autónomos y locales, opositan a quedarse sin el sustento de lo que debería ser su credo. El voto y con ello el ciudadano.
Nadie se da cuenta de cual cansancio es el que tiene le español de a pie; ni que grado de hartazgo es capaz de aguantar.
Asqueados, mirando a su representante, sea cual sea, como a un aprovechado, parece ser que votar ya no da derecho a reclamar.
Exigir, soluciones a quieres nosotros hemos dalo la oportunidad de representarnos es tan democrático como el hecho de otorgarles ese mérito. Cuando quienes están al mando de nuestro presente y organizando nuestro futuro, cree que el voto solo vale para darles el poder, esta jugando con un fuego que poco tiempo tarda en quemarle, Y lo que es peor, abrasarnos a todos con ellos.

Cuánta razón tienes, tus reflexiones son tan aplastantes que nuestra pasividad da miedo.
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